jueves, 16 de enero de 2014

LA DOCTRINA DE RESURRECCIÓN TEXTO DEL 118 AL 120

Texto original 118

El Amor Espiritual es Vino con Aroma. Todos los Ungidos con él
lo gozan. Mientras los Ungidos permanecen, los que se paran a su lado
también lo gozan. Pero si los Ungidos con el Crisma se apartan y se van,
los no ungidos que solamente están parados al lado se quedarán en su
propia miasma. El samaritano no proporcionó al herido nada más que
vino y ungüento, y sanó las heridas, pues “el amor cubre una multitud de
transgresiones”

Develación texto 118

El Amor Krístico es perfume de deliciosa fragancia, que cual
aroma de uvas en sazón, nos ofrece el sabor de la Vida auténtica, y quien
alcanza su respectivo estado interior de Gracia pura, goza de su Divina
Unción. Asimismo, todos cuantos a su presencia llegan, o a la distancia se
benefician de su Beatífica Sabiduría, mientras permanecen en
observancia de la purificadora Castidad, que constituye la presencia y
consentimiento de la consciente Gracia de la Bendita Madre particular,
participan de su diáfana Energía; empero, cuando no es aprovechado este
Bendito Don por quienes medran de la Sagrada Enseñanza sin merecerla,
esto es, sin haberse esforzado con Voluntad en alcanzar su Auto Gnosis,
permaneciendo anquilosados en la teoría doctrinal, en cuanto se aleja el
Iluminado Guía, los fracasados se quedan aletargados, ahogados en sus
fornicaciones, que los impele al creciente fanatismo beligerante, cada vez
más cretino, insolente y soez.

El Amor Krístico es, ha sido, y por siempre lo será eternamente,
fuente de innegable Salud y gozo de vivir, pues dicha Felicidad es
Consciente, permitiéndonos trascender el grueso Karma que como
pecadores hemos arrastrado en cada existencia marcada por la indolencia
espiritual.

Texto original 119

Aquellos a quienes engendra la mujer, se parecerán a quien ella
ama. Si es su marido se parecerán a su marido, si es el adúltero se
parecerán al adúltero. A menudo, si hay una mujer que duerme con su
marido por necesidad, pero su corazón está hacia el adúltero y ella se
aparea con él y engendra, entonces el nacido a quien ella engendra se
parece al adúltero. Pero vosotros quienes estáis con los Hijos de Dios, no
améis el mundo, sino amad al Señor, para que quienes engendráis no se
parezcan al mundo sino que se parezcan al Señor.

Develación texto 119

Es natural que los hijos contengan las características somáticas de
sus progenitores, aunque se definirá con mayor precisión el parecido de
los vástagos al hombre que la mujer ame, aunque no esté participando de
la cópula carnal; si es el marido por quien late su corazón, los hijos
concebidos se le parecerán, pero si la mujer adultera, aún sea en
pensamientos, el hijo concebido se parecerá a quien ama la madre.

Un Kristificante, que es Hijo de Dios, no ama al mundo, si no que
ama al Adorable Redentor, y cuando engendra en pareja digna, lo hace a
Voluntad Consciente con auxilio de los Cielos, sin que se produzca la
fatal fornicación, pues en plena Castidad se gesta un Hijo de la Luz, y no
sólo será imagen de lo Divino, si no que fundamentalmente será
semejante o igual a un nacido de la Concepción Virginal.

Texto original 120

El humano se junta con el humano, el caballo se junta con el
caballo, el burro se junta con el burro. Las especies se juntan con sus
mismas especies. De esta misma manera la espíritu se junta con la
Espíritu, el logos se aparea con el Logos y la luz se aparea con la Luz. Si
te haces humano entonces la humanidad te amará; si te haces espiritual,
entonces la Espíritu se apareará contigo, si te haces significativo,
entonces el Logos se juntará contigo; si te haces Iluminado entonces la
Luz se apareará contigo; si trasciendes entonces lo trascendente reposará
sobre ti. Pero si te haces como caballo, o burro, o becerro, o perro, u
oveja, o cualquier otro animal afuera e inferior, entonces ni la humanidad
ni la Espíritu ni el Logos ni la Luz ni los de arriba ni los de dentro podrán
amarte. No podrán reposar en tu corazón y no serán tu herencia.

Develación texto 120

Tal como se expuso en el texto 108, en esta oportunidad
nuevamente se hace referencia a las bajezas en las cuales puede caer la
degeneración infra sexual, con el uso y abuso de desenfrenos zoofílicos,
aunque también muchas de las relaciones carnales, aunque sean
practicadas entre quienes se dicen humanos, los instintos que se desatan
en furia salvaje, son propiamente atavismos que persisten de una
condición animalizada a la que ha llevado la práctica consuetudinaria de
la fornicación y los adulterios, siendo en este último caso la mezcla de
todo cuanto no se corresponde con la natural funcionalidad sexual.

Mientras la infra humanidad esté ligada a tales atavismos, lejos de
la requerida enmienda que corrija tales taras ancestrales, no podrá de
modo alguno aspirar a vencer su bestialidad, y naturalmente todas sus
actuaciones estarán marcadas instintivamente con la fatalidad.

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